Estamos atravesando un tiempo difícil, estamos en el tiempo de la pandemia del coronavirus y sé que en este momento  a muchos nos ha costado avanzar  porque no estábamos preparados para este acontecimiento, vivir encerrados nos ha quitado las fuerzas, nos ha entristecido y nos ha robado esperanza.

Pero es hora de desempolvar las promesas que están en la palabra de Dios. La palabra de Dios está llena de promesas y hoy vamos a descubrir que el Señor nos tiene pensado, como dice el profeta Jeremías, un futuro y planes llenos de  bendición y no de desgracia, con el fin de darnos un futuro lleno de esperanza (Jr 29,11)  

Qué es una promesa?

Una promesa es una expresión de la voluntad de dar a alguien o hacer por él algo, según la RAE (Real Academia Española).

Una promesa por parte de una persona confiable lleva en sí el poder para transformar la mente y la actitud de una persona y encender la llama de la esperanza en donde había antes tristeza, temor o preocupación.

Un ejemplo claro de una promesa la puedo ver en mis hijos, a ellos les encanta ir donde su abuela y cuando yo les digo: hijos si se portan bien yo les dejaré ir donde su abuela,  yo siento que ellos cambian la actitud y comienzan a comportarse mejor de cómo se estaban comportando antes, por eso una promesa tiene la capacidad de cambiar nuestro interior.

Una promesa tiene valor, si quien promete es una persona íntegra, la promesa de un mentiroso es como el viento que llega y desaparece.

En el mundo no hay nadie más confiable que Dios, desde el principio ha hecho sus obras a través de su palabra y su palabra es eterna y no falla, con su palabra Dios creó el universo, el mundo y todo lo que en él hay. La palabra de Dios es lo que sustenta todo lo que existe. (Hebreos 1,3)

Vemos desde el principio de la creación que Dios le promete a su pueblo, le promete a los suyos a los que amó,  pero, por qué Dios hace promesas?

Lo primero, es  que Dios promete porque Él  sí puede cumplir, dice su palabra que no es hombre para mentir (Nm 23,19), Segundo, sus promesas son el sueño que  tiene para su pueblo, tiene pensado la felicidad para su pueblo y por eso siempre tiene un futuro de bendición para los que ama.

Las promesas que Dios hace van unidas desde nuestra creación porque así lo ha soñado y pensado Dios para nosotros.

Las promesas de Dios se deben conquistar

La manera de conquistar las bendiciones de Dios es a través del amor, la obediencia y cumpliendo sus mandatos.

Ejemplo claro el pueblo de Israel en el desierto cuando fue comandado por Moisés, no pudo llegar a la tierra prometida a pesar que Dios le dijo a Moisés que llegaría a un lugar donde manaría leche y miel.

Ellos dudaron comenzaron a reclamarle a Dios, lo cambiaron por otro dios haciendo un becerro de oro, no se contentaban con lo que Dios les ofrecía, fue un pueblo muy duro de cerviz que no merecían las bondades de Dios. Y así nos pasa, le comenzamos a dar tantas vueltas a Dios que no llegamos a sus promesas.

Después que el pueblo se cansó de dar  vueltas en el desierto pudieron entrar con Josué a la tan anhelada tierra, ellos siguieron las instrucciones de Dios y después que los muros se cayeron conquistaron la gran promesa de Dios. Por esta razón me encanta lo que dice el libro de Josué; Ni una sola palabra quedó sin cumplirse de todas las buenas promesas que el Señor había hecho a los israelitas (Josué 21,45)

Quiero terminar con una promesa en tiempos de enfermedad, esperando que hoy seas un conquistador de bendiciones amándole y obedeciéndole para que goces de esta bendición:  les daré salud y los curaré; los sanaré y haré que disfruten de abundante paz y seguridad. Cambiaré la suerte de Judá y de Israel, y los reconstruiré como al principio. 

Un abrazo fraterno en Jesús y María

José Martínez Aparicio Gulfo