Los sufrimientos hacen parte de nuestra humanidad, no hay ningún ser humano que haya pasado por esta tierra sin haber vivido momentos de dificultad, es que en nuestra fragilidad humana nos encontramos con ellos, no hay ninguna inmunidad que nos libre de los momentos tristes.

El creyente no está libre de las dificultades, por que ellas permiten reconocer la grandeza de Dios y no es que este salga a buscarlas si no que ellas se las encuentra en el camino. El cristiano aprende en el camino a ver la dificultad como una oportunidad para recibir el consuelo de Dios y su misericordia.

La segunda carta a los corintios el apóstol Pablo clama a Dios que le quite ese aguijón que tiene en la carne pero el mismo Dios lo contesta mi gracia te basta, y es que se que aveces le pedimos a Dios que nos quite los sufrimientos y los dolores pero estos son muchas veces necesarios para reconocer que Dios está en nuestra fragilidad.


Hay personas que se han acercado a Dios a través de una experiencia de dolor, y es que este es necesario, si es necesario estimado lector aunque suene raro el sufrimiento nos muestra lo dependiente que somos del creador y que somos débiles frente a algunas situaciones en las que perdemos el control. Cuando el ser humano se reconoce débil ante su creador descubre que allí vienen sus fuerzas (2 cor 12, 11) por eso San Pablo lo decía con tanta alegría que se gloriaba de sus flaquezas por que allí se sentía más fuerte en Dios, se que no queremos sufrir y creo que ninguno le gusta pero cuando esté llegue y toque la puerta, ríndete ante Dios y muéstrale tu debilidad que estoy seguro que él te dará la valentía para salir adelante.

Gracias Dios mío bendita prueba que me hizo mirar al cielo

Redacción: José Martínez Aparicio